El 31 de octubre aconteció el estreno de  Esclavos del honor en L´iber, museo de los Soldaditos de plomo. Como bien se comentó aquella noche, ese día se cerró un circulo. Allí, en la misma sala del tapiz donde nos reunimos en esta mágica noche, comenzó todo. Allí, y sentados a la misma mesa, conocí a Santiago Posteguillo y a mis compañeros del taller de creación literaria.

Nunca olvidaré aquellos primeros pasos literarios junto a aquellos desconocidos que no tardaron en convertirse en grandes amigos. Junto a la mayoría de ellos formamos el grupo literario El Cuaderno Rojo, llamado así en honor del libro de Paul Auster. Este grupo nos aunó y, a su sombra, crecimos como aprendices de narradores. Allí, atenazado por los nervios, compartí por primera vez mis escritos.

Y fue también allí, sí, en la misma sala del tapiz, donde por primera vez gané un premio literario. Y años más tarde, formé parte del mismo jurado y tuve la oportunidad de pasar el testigo a otro compañero. No había lugar mejor para realizar mi primera presentación. Tan solo faltaba el público, que me acompañó de manera excepcional y convirtió aquella noche en un recuerdo imborrable. Gracias a todos por acudir y llenar aquella sala hasta los topes. Fue un placer veros a todos allí. Viejos y nuevos amigos, familiares y nuevos lectores que ya nunca serán anónimos.

Aquí os dejo un vídeo que ha subido el maravillo equipo de Pegando la hebra.

L´Iber, museo de los soldaditos de plomo, centro de cultura.

No había mejor marco para el estreno de Esclavos del honor. Y es que L´Iber es más que un museo. Es un ente vivo, lo apodan la catedral, por servir de faro de la cultura en este mundo extraño y demasiado moderno en el que vivimos. No solo alberga la mas importante colección del mundo de soldaditos de plomo, con fantásticos dioramas, sino que también acoger cursos, presentaciones de libros, lecturas dramatizadas, conferencias, cines forum, talleres infantiles y viajes culturales. Como bien dijo Santiago, Alejandro Noguera, su director, podría estar tranquilo en su casa y, sin embargo, prefiere pelear por la cultura y defender esta trinchera en la que todos podemos y debemos refugiarnos. No podría olvidarme, y mira que lo he intentado, de su más fiel colaborador, Antonio Penadés el hombre con la areté más brillante del reino.